Ya decía eso de que no nos damos cuenta muchas veces de todo lo bueno que hacemos, de todas las alegrías que nos llevamos y de lo que vamos sembrando. Dicen que quien siembra recoge. También que quien siembra vientos recoge tempestades, pero yo intento sembrar cosas buenas.
Hace ya un montón de tiempo no sólo tenía un podcast sino que hacía entrevistas a gente interesante. No es que ya no conozca gente interesante, pero es cierto que me suponía mucho desgaste hacerlas porque estas cosas para mi implican mucha responsabilidad. Si alguien se presta a cederme su tiempo y a abrirse a contarme cosas en público, para mi es una enorme responsabilidad hacerlo bien.
No hablo sólo de lo técnico, que por supuesto, también del contenido. En lo técnico me da igual que un video mío se vea algo desenfocado, aparezca el reflejo del foco en las gafas o el sonido no sea el mejor. No quiero decir que lo haga con descuido pero al fin y al cabo soy yo. Tú me conoces y hay confianza.
Cuando involucro a otra persona me gusta que la técnica sea lo mejor posible. Que salga bien, se le escuche bien, se encuentre cómodo/a, lo disfrute… y en cierto modo me gustaría, para esas cosas, tener mucho más alcance. Más visualizaciones, más interacciones en redes, etc. Insisto, no por mi: por esa persona. Que sienta que haberse abierto así ha servido para algo y la gente le da cariño. Así de complicado soy.
Dejé de hacer entrevistas porque no me sentía seguro con todo ese tema. Pensaba, pienso, que no aporto tanto a la gente que se presta como lo que ellos me aportan a mi. Puede sonar raro, espero haberme hecho entender, que ya estás más o menos acostumbrado a mis giros de guión 🌪️
Hace un par de semanas una compañera me buscó por la mañana nada más entrar para decirme algo que me llenó de orgullo y satisfacción y me hizo replantearme las entrevistas.
“Oye, ¿Sabes que a mi marido lo cogieron para el evento de este fin de semana por la entrevista que le hiciste?”
Mi compañera es Lourdes y su marido Pepe Cotta, que tuvo la generosidad de dejarse entrevistar hace ya un tiempo. Te dejo la entrevista por aquí.
La cuestión es que efectivamente el trabajo le salió porque la persona que le contrató vio la entrevista. El mérito no es ni mucho menos mío, es suyo. Le gustó la forma en la que se expresaba, lo claras que tenía las cosas, que se le veía profesional y un tipo que sabía de lo que hablaba. Insisto: no fue por mi, fue por él.
Pero quitando falsas modestias, que no me gustan, me alegró que ese video transmitiera lo que yo vi. Lo que yo sabía de Pepe. Que es un gran músico. Apasionado pero profesional, que a veces la pasión parece estar reñida con el negocio y no tiene porqué. Me gustó que en las preguntas le diera pie a expresarse así, a mostrar lo que tiene dentro y de que eso llegue a percibirse.
Vuelvo al principio, después de todo lo que te he dicho: a veces no nos valoramos. A veces no valoro lo que hago pero de repente cosas así me dan una bofetada buena de realidad.
Lo que te contaré la semana que viene es otra de esas buenas bofetadas, de esas que te hacen darte cuenta de lo que vales. Que lo que haces es bien, que hay gente que también lo ve. Y eso, de verdad, me llena de orgullo y satisfacción.
Moraleja: tenemos que valorarnos. Yo aprendo a hacerlo, espero que tú también lo hagas.
Y eso es todo por hoy. Nos leemos, como “casi” siempre, en 7 días.
Descubre más desde dagarin.es
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.