Publicado en

Mi primer iMac

Esta entrada es un crossover con el nuevo blog ADNGeek. Creo que el contenido, entre personal y tecnológico, es apropiado para ambos blogs así que en unos días lo verás publicado en la web de ADNGeek ligeramente adaptado, pero te lo adelanto aquí a ti, seguidor de toda la vida de Dagarin 😉

No es que busque intencionadamente escribir los domingos o los fines de semana pero lo cierto es que es cuando más tiempo tengo para estas cosas. Además, hoy precisamente se cumplen 18 años desde que me compré mi primer Mac y me parece que es un buen momento para hablar de ello.

¿Que cómo lo sé? Pues porque hay fechas que apunto en el calendario para recordar, como esta. No suelo apuntarlas el día que suceden, no pensaba yo que esta fecha fuera a cambiar mi forma de ver la informática, pero lo cierto es que aquí estoy, 18 años después, escribiendo en un Mac mini M4 y sin ganas de volver al mundo Windows en casa, aunque a veces me den pequeños ataques de debilidad. Apunto estas fechas cuando pasado un tiempo puedo recordarlas por algún motivo. Una factura, otra anotación similar en la agenda… cosas así.

Creo que alguna vez, haya ya unos años, hablé de como llegué aquí pero te lo vuelvo a contar por si eres de los nuevos o por si no lo recuerdas.

Buscando un portátil

Así llegué al mundo Mac, buscando un portátil. Hacía ya tiempo que me había cansado de cacharrear con ordenadores. Ya pasaron esos tiempos en los que cada 3 meses ampliaba memoria, cambiaba un disco duro, añadía una tarjeta para nosequé, cambiaba de gráfica… Había decidido años antes que quería un ordenador del que no me tuviera que preocupar. Invertir algo más de dinero y que me durase unos cuantos años en lugar de estar parcheando continuamente. En esa reflexión llegué a la conclusión de que quería un portátil.

Dado que lo que buscaba no era el poder llevarme todos los días a la calle el ordenador sino tener un sólo cable a la corriente eléctrica y poder llevarlo cuando lo necesitará opté por un Dell de 17″, ahí es nada. Un bicho que eras más movible que portátil, porque pensaba un quintal, pero que me duró no recuerdo cuantos años. Una barbaridad para el geek que era yo en esa época. Recuerdo perfectamente que incluso sufrió la caída de una lata de cocacola sobre el teclado y sobrevivió casi sin daños. Sólo tuve que cambiarle yo mismo el teclado y siguió sin problemas. Incluso después de jubilarlo yo, siguió unos años en activo.

Aún así, llegó el momento de darle un merecido descanso y fui a buscar un nuevo portátil. Similar a este: con gran pantalla, teclado completo y con una vida útil prevista de varios años. En esas estaba en la FNAC de La Cañada, mirando portátiles, cuando un chico me preguntó que buscaba, le conté mi película y me hizo la gran pregunta.

¿Has pensado en un iMac?

Confieso que desconocía perfectamente el mundo Mac y el concepto que había en aquella época de iMac. Los Mac, el mundo Apple, para mi siempre había sido el de los potentados de la informática. Gente cuyos bolsillos estaban llenos de dinero y no pensaban en ofertas. Y gente profesional, lo confieso. Para mi, el que compraba un Mac era un diseñador, editor gráfico, de video, sonido… alguien que necesitaba un ordenador muy potente. Esto es lo único que sabía de los ordenadores Apple.

Cuando aquel muchacho me enseño el iMac, aquella enorme pantalla que se veía como ninguna otra de la tienda, pasé de ser un señor con canas de casi 38 años a aquel chaval de 12-13 años alucinando con el Commodore 64. No paraba de mirar aquel monitor y preguntar al muchacho si de verdad aquello era todo., ¿Donde estaba la torre?

En mi cabeza cuadriculadas de ordenadores de cajas «beige», con placas base, tarjetas clavadas sobre ellas, discos duros, lectores de CD’s…. no entraba en la cabeza que todo pudiera caber en aquellos pocos centímetros. De verdad, no te puedes creer como miraba y como alucinaba yo con ese ordenador.

Pasado ese momento, cuando pude cerrar la boca después de la sorpresa, ya estuve indagando en modo «técnico». Que si qué procesador llevaba, si era compatible con mis programas de Windows, que si tal y que si cual. No te aburriré con cosas técnicas pero básicamente debía poder hacer todo lo que hacía con mi PC sin problemas. Algunas cosas con más facilidad y otras con alguna vuelta más, pero se podía.

Salí enamorado y convencido, pero los experimentos con gaseosa, así que me puse a investigar un poco más y en poco tiempo compré mi primer Mac. Tal día como hoy domingo 28 de marzo pero de 2008.

Un maldito Mac

¿Porqué el botón de cerrar la ventana está a la izquierda y no a la derecha? ¿Porqué no hay un botón que la maximice? ¿Porque las aplicaciones que abro se quedan con un puntito debajo en vez de cerrarse? ¿Donde está el panel de control? ¿Donde mierdas esta el Internet Explorer?….

Como esas, mil preguntas cada día. Habían sido dos décadas en Windows, sin saber nada de Mac. Que sí, que había probado Unix, OS/2, Linux… pero esta mente ya llevaba muchos años en modo Windows. El cambio a Mac era radical. Tantos conceptos que cambiaban. La tecla windows no estaba, era la Command, el control tampoco. Ni siquiera acababa de entender los atajos de teclado o el explorador de archivos.

Y sin embargo, seguía enamorado de aquella pantalla y de aquella joya del diseño. No podía evitarlo. Tuve que desaprender mucho de lo aprendido y abrir de nuevo mi mente a tantos y tantos conceptos que ahora veo normales… ¿Porqué cada ventana no tiene su menú? Ah, que está siempre arriba y cambia.

Vas descubriendo atajos de teclado, van llegando nuevas versiones del sistema, que en aquella época tenían nombres de felinos. Tiger, Leopard, Snow Leopard, Lion… Veía como evolucionaba mientras Windows apenas cambiaba. Y me enamoraba también de su limpieza y su estabilidad.

Me quedo en Mac

Ahora mismo, como ya sabrás, he cambiado mi habitual iPhone por un Android. Siento que es ahora Apple la que se está quedando atrás en cuanto a sistema operativo móvil. Estoy francamente contento con esta decisión y con el Android que tengo. No echo absolutamente nada de menos del iPhone. Nada. Ni siquiera su integración con mi Mac porque siempre he buscado no estar atado a ningún sistema y no he estado a tope con todo el ecosistema Apple.

Pero amigo, o amiga: mi Mac no me lo cambies por un Windows. Y mira que a veces dudo, porque mi contacto con Windows es diario en el trabajo. No puedo dejar ese sistema de lado para tener allí un Mac, aunque a veces me lo he planteado. Pero en casa, aunque tenga mi máquina virtual en Windows y un pequeño portátil por razones de trabajo, no me quites el Mac.

He pasado de iMac a portátiles y ahora a un maravilloso Mac mini. He tenido varios portátiles, he vivido la migración de procesadores Intel a los procesadores de Apple, he visto versiones del sistema que han salido muy en pañales… pero aún así no cambio. Por mucho que a veces confunda unas teclas de Windows por unas de Mac. Antes haría el esfuerzo de meter como sea un Mac en la oficina que meter un Windows como ordenador de casa.

En móviles o tablets (lo segundo aún está por ver), soy más flexible. En cuestión de ordenador, sigo enamorado del Mac como aquel mes de marzo de hace 18 años.


Descubre más desde dagarin.es

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario