Hoy cumpliría 88 años mi esta señorita de la foto. Toda una adelantada a su tiempo.
No es la primera vez que hablo de ella por aquí pero oiga usted, que es que la ocasión lo merece, que no todos los años se llega a los 88. Que sí, que es una tontería porque no ha llegado, pero aquí estoy. No recuerdo cuando se nos fue, nunca he recordado ni el año ni la fecha. No me parece que sea una fecha para celebrar en absoluto. En cambio cada año recuerdo su cumpleaños y, de una u otra manera, lo celebro.
Estos días, no sé bien porqué, me acuerdo algo más de ella. Supongo que e porque he viajado y, pese a que ya hace años que no está, cada vez que llego a destino en cualquier viaje mi primer impulso es llamarla para decirle que estoy bien.
Supongo que soy muy madrero, si se puede decir así. Mi padre lo considero lo que hoy llamarían un padre ausente. Pasaba días enteros sin verle. Salía de casa antes de que me levantase y volvía tarde en muchas ocasiones. Ojo, tampoco me quejo. Eran otros tiempos y el rol de padre era otro, supongo. Sea como sea, le conocí algo más ya bien adulto yo y cuando se jubiló antes de tiempo, que también se marcho antes de lo que le debería haber tocado. O de lo que me hubiera gustado.
Digo también porque mi madre también se marcho antes de tiempo y, por supuesto, mucho antes de lo que me hubiera gustado. Fíjate que hoy estaría cumpliendo 88 y es una edad a la que cada día llega más gente. Ella se marchó mucho antes.
Por supuesto no fue una madre ideal, eso no existe, pero ojo con decir algo medianamente malo de ella. Eso sólo puedo hacerlo yo. Una vez mi pareja se atrevió a criticarla y rápidamente le dije que de eso nada, que una madre siempre será una madre y que a la mía no la criticaba nadie.
Muchas veces pienso en ella, aún pasados los años. Cada vez que viajo, como ya te he comentado, cuando me unto las tostadas por la mañana, cuando me hago un vaso de leche o similar por la noche o cuando me inyecto la insulina o las mediciones no cuadran con lo que he comido. Recuerdo sus enfados de «pero si yo no como nada mal, si he comido lo de ayer y hoy la tengo disparada y ayer perfecta». Ahora lo vivo yo así muchas veces.
Cuando el móvil, en esos recuerdos que te muestra de vez en cuando y que tanto me gustan, me enseña una foto como la que ilustra esta entrada pienso en ella. En lo adelantada que fue a su época y como su vida se torció cambió. Se nos fue sin poder volver a Suiza, donde se hizo esta foto y muchas similares, pero no hubiera sido lo mismo. Ella no fue allí de turismo, fue de emigrante a trabajar. Y digo si trabajó. De todo lo que le salía.
Pocas cosas recuerdo que nos contara, o que me contara, de sus vivencias pero todo lo que contaba le iluminaba la mirada. Siempre tuve la idea de que ella no quería volver a Málaga. Se la veía en su salsa, moderna y adelantada. Aquí fue una madre. Mi madre, que no es poca cosa. Vale, y la de mis hermanas, pero eso no cuenta aquí 😊
Ella allí no parecía ser una madre o la señora de. Era Remedios, una mujer trabajadora, con amigos y amigas que disfrutaba una buena copa de vez en cuando o un helado aunque fuera estuviera nevando. Siempre nos contaba eso encantada. Allí los helados también se toman en invierno. Su vida aquí, la de antes y la de después, no parece igual de feliz.
Cada año por estas fechas pienso la cantidad de cosas que se me quedaron por hablar con ella, y no por falta de tiempo sino por ese pudor que da hablar con una madre de cosas que no son de una madre con un hijo, sino de una persona a otra. Más información sobre aquella vida, como se sentía aquí, pequeños secretos nunca contados pero que siempre intuimos…
Iba a decir que me faltó tiempo. Por supuesto que nunca hubiera sido suficiente, pero no sólo me faltó: no lo aproveché. De esas cosas se da cuenta uno con el tiempo, cuando ya no lo tienes. Y es una pena.
Nada, te iba a decir que si tienes aún a tu madre contigo, aproveches cada segundo que puedas. Malos momentos los hay, pero tenemos que sacar también los buenos, que a veces parece que los malos llegan solos y los buenos hay que currarselos más, pero merece la pena.
No te lo digo lo de que hables con tu madre, paso. Quedaría muy ñoño, ¿verdad?
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